A Carlos Alberto Montoya Londoño su familia lo llamaba “Beto”. Era bogotano, había conseguido convertirse en piloto comercial y mantenía una relación cercana con Colombia, pese a que llevaba años viviendo en Estados Unidos. El 11 de septiembre de 2001, su vida terminó a bordo del vuelo 11 de American Airlines, el primer avión que impactó una de las Torres Gemelas.
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Este jueves, cuando se cumplen 25 años de los atentados del 11 de septiembre, su historia vuelve a ser recordada junto con la de los otros colombianos que murieron durante uno de los ataques que marcó la historia reciente.
Montoya tenía 35 años y viajaba desde Boston hacia Los Ángeles. El avión fue secuestrado por integrantes de Al Qaeda y se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center a las 8:46 de la mañana. En la aeronave viajaban 76 pasajeros, 11 integrantes de la tripulación y cinco secuestradores.
Sin embargo, detrás del nombre que aparece entre las víctimas existe una historia que su familia ha mantenido viva durante estos años.
Carlos Alberto Montoya soñaba con ser piloto
Antes de convertirse en una de las víctimas del 11-S, Carlos Alberto había llegado a Estados Unidos con un propósito claro: estudiar aviación.
Para financiar su formación tuvo diferentes trabajos. Fue lavaplatos, cajero y pizzero mientras avanzaba en el camino que finalmente le permitió convertirse en piloto comercial. Su carrera, sin embargo, tuvo que detenerse posteriormente debido a problemas de salud.
u familia lo recuerda como una persona inquieta, cercana a sus seres queridos y con una particular afición por el fútbol. Aunque vivía en Estados Unidos, mantenía una conexión constante con Bogotá y con Millonarios, uno de los equipos que más seguía.
Para sus hermanos, esos recuerdos cotidianos son los que permiten reconstruir quién era Carlos Alberto más allá de la tragedia.


